Sobre el IFIC

Joaquín Catalá de Alemany

El Instituto de Física Corpuscular (IFIC) es un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de la Universitat de València dedicado a la investigación en Física Nuclear, de Partículas y de Astropartículas y a sus aplicaciones tanto en Física Médica como en otros campos de la Ciencia y la Tecnología.

La que puede considerarse etapa reciente del Instituto de Física Corpuscular comenzó en julio de 1985, cuando la Universitat de València y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas firmaron un convenio específico de colaboración por el que se creaba un instituto de carácter mixto y titularidad compartida al amparo de un acuerdo marco de colaboración entre ambas instituciones que se había firmado a finales de 1983. Este nuevo centro mixto conservó su nombre anterior para hacer honor a la tradición de Valencia en el campo de la Física de Partículas y Nuclear que ya entonces tenía más de 30 años de historia. En el nuevo instituto convergieron físicos experimentales y teóricos, y además de los profesores de la Universitat de València a él se incorporaron en los años siguientes otros investigadores españoles y extranjeros que trabajaban en diversas instituciones extranjeras.

¿Quieres saber cómo se creó?

En el otoño de 1950, Joaquín Catalá de Alemany inició en Valencia una actividad totalmente nueva en España: el estudio de los núcleos atómicos y de las partículas elementales mediante la técnica de emulsiones fotográficas. Catalá constituyó su grupo como Sección Local del Instituto de Óptica Daza de Valdés, del CSIC, que a principios de los años 60 adquirió el nombre de Instituto de Física Corpuscular (IFIC). Actualmente el IFIC es un centro mixto dependiente de la Universidad de Valencia y del CSIC, que en el año 2000 celebró su 50 aniversario.

¿Quieres saber más?

En agosto de 1949 Catalá había obtenido una beca para ir a la Universidad de Bristol, entonces uno de los principales centros del mundo de investigación en Física del estado sólido. A Catalá tal física no le entusiasmaba, ni tampoco su orientación, muy teórica. Mientras pensaba regresar a España, un amigo, W.M. Gibson, le pasó emulsiones fotográficas con trazas de rayos cósmicos. Catalá se entusiasmó con ellas y fue aceptado en el grupo que dirigía Cecil F. Powell.

Las placas fotográficas se usaban más para estudiar la radiactividad que para identificar partículas individuales. En 1937, Marietta Blau y Hertha Wambacher, con la ayuda del descubridor de la radiación cósmica, Viktor Hess, expusieron emulsiones a los rayos cósmicos en una montaña, descubriendo que las partículas muy veloces producían nuevas trazas que emergían de un punto; estos sucesos llamados “estrellas” se interpretaron como la ruptura de un núcleo atómico en la emulsión. Dos años más tarde, Cecil Powell comenzó a aplicar la técnica fotográfica a la física nuclear de bajas energías en Bristol. El grupo de Powell mejoró las emulsiones con la ayuda de los fabricantes Ilford y Kodak. La técnica era barata y fácil de transportar. Gracias a los esfuerzos de Powell y sus colaboradores se convirtió en la técnica dominante en los trabajos de física de altas energías. El equipo de Powell descubrió el pión y en 1950 Powell obtuvo el premio Nobel de Física.

¿Y qué pasó después?

Catalá llegó pues al lugar adecuado en el momento preciso. Las emulsiones se adaptaban muy bien a un país como España, en el que la investigación científica comenzaba lentamente a recuperarse de la catástrofe que supuso la Guerra Civil. Con muy escasos recursos, participar en la frontera de la investigación en uno de los temas más interesantes del momento sólo era posible con una técnica barata, eficaz y capaz de producir resultados relevantes. El grupo de Valencia comenzó con cuatro personas: Catalá y tres estudiantes de doctorado: Fernando Senent Pérez, José Aguilar Peris y José Casanova González. Senent y Aguilar eran adjuntos de la cátedra de Catalá. Inicialmente Catalá continuó sus investigaciones de Bristol para, a medida que el grupo se ampliaba y consolidaba, desarrollar nuevas líneas de investigación, todas relacionadas con la técnica de emulsiones. Ya en 1952 el grupo colaboraba con Bristol, Bruselas, Genova, Harwell y Paris. Hacia 1958 se había consolidado tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Entre 1950 y 1958 el grupo produjo 57 trabajos, de los que muchos se presentaron en reuniones nacionales y congresos internacionales. Las emulsiones usadas procedían de la exposición de las placas a haces de aceleradores y a flujos elevados de reactores nucleares y no a los rayos cósmicos en altitudes elevadas. Catalá atribuyó gran importancia a la comunicación y difusión de sus actividades científicas. En 1958 publicó un libro de Física General cuyos últimos capítulos se dedicaban a la física de partículas, con explicación de las teorías, detectores (principalmente emulsiones) y aceleradores empleados, así como las aplicaciones médicas y los usos pacíficos de la energía nuclear.

Si tienes curiosidad por el origen de la investigación experimental en Física Nuclear y de Partículas en España, quizá te interese este artículo de los profesores A. Ceba, V. Navarro y J. Velasco.